Usted, el consejo de barrio y “El Rescate”
Elder Juan Antonio Etchegaray Sabate
De los Setenta

"La Iglesia es el conjunto organizado de todos sus miembros y la obra que el Padre nos ha encomendado es para todos y no para un selecto grupo de líderes que dirigen reuniones o dan discursos todos los domingos. "

Cuando miramos a un barrio o una rama y tratamos de imaginarlo como un gran cuerpo organizado donde cada uno de los miembros tiene un rol asignado, es interesante considerar las distintas partes de este cuerpo. Pablo nos enseña que ‘en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función’ (Romanos 12:4); o sea que entre todos y mediante nuestros esfuerzos coordinados damos vida a este cuerpo. Obviamente si el cuerpo goza de buena salud, es porque todos sus miembros cumplen efectivamente con su cometido y están sanos. Pero a veces la realidad es otra. El Presidente Thomas S. Monson describe claramente lo que le ocurre a este cuerpo cuando está enfermo, sus causas y la medicina a aplicar: “Existen los
‘batallones perdidos’ de aquellos que tienen impedimentos físicos, de los ancianos, las viudas y los enfermos. Muy a menudo estas personas se encuentran en los desolados y abrasadores desiertos
de la soledad. Cuando se desvanece la juventud, la salud se menoscaba; cuando disminuye el vigor y se va apagando la luz de la esperanza, los miembros de estos enormes ‘batallones perdidos’
pueden recibir el apoyo y socorro de una mano amiga,…” (Pte. Thomas S. Monson, “Batallones perdidos”, Liahona, setiembre de 1987, pág. 3).
Todos sabemos que en cada barrio o rama hay batallones de hermanos perdidos, como los llama el presidente Monson, por diferentes causas. Más grandes o más pequeños, lo trágico es que están perdidos. Se hallan desprovistos del poder de sus convenios en el templo y de las bendiciones del sacerdocio. Felizmente no lo están para el Señor, porque “no están perdidas para el Padre, pues él sabe a dónde las ha llevado.” (3 Nefi 17:4).
El Presidente Monson nos dice que no solo debemos observar el diagnóstico, sino que recomienda la medicina efectiva: “recibir el apoyo y el socorro de una mano amiga”. ¿Dónde está la fuente de poder e inspiración para hallar estas manos que necesitamos? Desde mi punto de vista está en el consejo de barrio. Allí, bajo la dirección inspirada de un buen y dedicado obispo, algunos miembros de este cuerpo se organizan, y ponen en movimiento los mecanismos necesarios para que todos los otros miembros de ese cuerpo comiencen a obrar organizada e inspiradamente.
Hace muchos años, alguien me enseñó que el consejo de barrio es “la reunión de la gente y para la gente”. Allí no se tratan reuniones, actividades u otras acciones. Allí se toman decisiones para bendecir a los hijos de Dios que lo necesitan. Es la usina generadora de las “manos amigas” que pide el Presidente Monson.
Para que ello se lleve a cabo en forma efectiva y no perdamos de vista el verdadero objetivo, que consiste en rescatar a los batallones perdidos, debemos comprender que esta labor requiere el trabajo conjunto de todos los miembros del cuerpo: los líderes, los misioneros y los miembros.
Tenemos una magnífica herramienta a la que conocemos poco. Se llama “Predicad Mi Evangelio”, y muchos pensamos que es sólo para los misioneros. No es así. Este manual ha sido preparado bajo inspiración y el Elder Richard G. Scott del Quórum de los Doce lo describe de esta manera: “Esta guía contiene materiales para combinar la labor de los misioneros de tiempo completo,
de los líderes de estaca y de barrio, y de los miembros. Con esa ayuda, más miembros nuevos pueden realizar una transición más segura en la familia de la Iglesia. Hay una mayor garantía de que, las personas que mediante el bautismo y la confirmación toman sobre sí el nombre de Jesucristo y se comprometen a obedecer Sus mandamientos, reciban Sus bendiciones prometidas a lo largo de su vida.” (Conf. General de Abril de 2005, “El poder de Predicad Mi Evangelio”).
¿Tienen ustedes esta guía? ¿La han leído alguna vez? ¿La han consultado para llevar adelante de manera más efectiva sus asignaciones como líderes, esposos o padres? Por favor, si no lo han hecho, consigan un ejemplar y estúdienlo. Aplicado al consejo de barrio, Elder Scott dice que Predicad Mi Evangelio “es de un valor incalculable para la labor del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares en lo que respecta a ayudar a los miembros nuevos a fortalecer su testimonio y obediencia”, y declara que su propósito es “Invitar a las personas a venir a Cristo a
fin de que reciban el Evangelio restaurado mediante la fe en Jesucristo y Su expiación, el arrepentimiento, el bautismo, la recepción del don del Espíritu Santo y el perseverar hasta el fin”.

Hojeando su contenido hallamos que presenta trece lecciones. Particularmente aplicado al consejo de barrio encontramos en la lección 13 instrucciones o ideas especiales para poder “rescatar a los batallones perdidos”.

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Bajo el título de “¿Cómo trabajo con líderes de estaca y barrio? podemos hallar ideas que nos sirvan como ejemplo para estas situaciones:
  1. ¿Cómo podemos fortalecer a los miembros nuevos y a los menos activos?
  2. ¿Cómo podemos hacer más efectivo el servicio de las maestras visitantes y los maestros orientadores?
  3. ¿Cómo puede usted contribuir efectivamente al consejo de barrio?
Tenemos en “Predicad Mi Evangelio” una herramienta magnífica para ser efectivos en la triple e importante obra de predicar, retener y reactivar. Hasta aquí, parecería que me estuviera dirigiendo
exclusivamente a los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares. Pero como lo enseñó Pablo, “en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función” (Romanos 12:4)… y agregó algo muy importante en el versículo 5: “así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros’…
Quiero detenerme en esto último: “Y todos miembros los unos de los otros”. Pablo nos está hablando a todos los miembros. La Iglesia es el conjunto organizado de todos sus miembros y la obra que el Padre nos ha encomendado es para todos y no para un selecto grupo de líderes que dirigen reuniones o dan discursos todos los domingos. Acaso usted nunca se haya sentado en el estrado de su capilla o haya dado un mensaje en una conferencia de su barrio o su estaca. Acaso nunca se haya parado delante de un grupo de alumnos que le miran expectantes esperando que les enseñe la doctrina. Acaso sólo se sienta únicamente un miembro simple de la Iglesia. Eso no es poca cosa para el Señor. Es lo mejor que le ha pasado en su vida.
Si este es su caso, ¡bienvenido! Le necesitamos para ser “un rescatador”. ¿Que nunca lo ha hecho?, no importa. Muchos estamos –todavía– experimentándolo y aprendiendo. Es posible que
en las próximas semanas reciba la asignación de visitar a una hermana o un hermano menos activo. Vaya. Reciba esta asignación con gratitud. Póngase en las manos del Señor y Él le acompañará.
Le enseñará lo que debe de hacer y decir.
¿Recuerda la invitación y la promesa que Él le hizo?: “Si tenéis fe en mí, tendréis poder para hacer cualquier cosa que me sea conveniente”. (Moroni 7:33)
Confíe en Él. Vaya. Vayamos todos al rescate.