Mensajes Líderes del Area
Ayunar, Ofrendas de Ayuno y el Diezmo
Élder Shayne M. Bowen
Presidente del Área Sudamérica Sur
"Quiero hablarles de tres leyes espirituales que Dios nos ha dado:1) el ayuno, 2) las ofrendas de ayuno, 3) el diezmo. Estas tres leyes son espirituales y traen aparejadas bendiciones prometidas. Estas tres leyes no tienen nada que ver con dinero, pero sí tienen todo que ver con la fe."
Como miembros de la Iglesia, muchas veces pensamos que Dios nos ha dado mandamientos temporales. Por ejemplo, algunos pueden creer que la “Palabra de Sabiduría” es un mandamiento temporal dado para proteger nuestra salud.
Mientras que el resultado de la obediencia a la “Palabra de Sabiduría” es una mejor salud, una mejor salud no es la bendición principal de este mandamiento. Nosotros sabemos de personas que beben y fuman y tienen mejor salud que algunos de nosotros.
El Presidente Boyd K. Packer ha enseñado que la más grande bendición de obedecer la “Palabra de Sabiduría” es el derecho a recibir revelación personal. Esta es una bendición espiritual que nos permitirá escuchar los susurros del Espíritu Santo, y ser guiados en todas las cosas. Si nuestras mentes y cuerpos son prisioneros de la adicción al alcohol, drogas, u otras substancias dañinas, es imposible tener la influencia del Espíritu Santo con nosotros.
Esto es solamente un ejemplo, pero muy claramente nos enseña de los beneficios espirituales de vivir lo que aparenta ser un mandamiento temporal. Este mandamiento nos ayuda a entender mejor la escritura que encontramos en Doctrina y Convenios, Sección 29, versículos 34 y 35:
34
“Por tanto, de cierto os digo que para mí todas las cosas son espirituales, y en ninguna ocasión os he dado una ley que fuese temporal, ni a ningún hombre, ni a los hijos de los hombres, ni a Adán, vuestro padre, a quien yo creé.

35
"He aquí, yo le concedí que fuese su propio agente, y le di mandamientos; pero ningún mandamiento temporal le di, porque mis mandamientos son espirituales; no son naturales ni temporales, ni tampoco son carnales ni sensuales.”
Dios es un Dios de ley y orden. Todo lo que Él hace está basado en leyes, leyes espirituales:
“Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación del mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan;Y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa.”
(DyC 130:20-21)
Quisiera compartir con ustedes tres principios que, si son entendidos y aplicados, cambiarán sus vidas para siempre.
Quiero empezar dándoles un pequeño ejemplo. Imaginen que tengo un libro en mi mano, y que lo dejo caer. ¿Qué ley están observando? Sí, la ley de gravedad. ¿Cuántas veces se va a caer este libro si yo lo suelto? ¿Está seguro? ¿Está seguro que no va a flotar? Está en lo correcto, porque esta ley fue declarada en los Cielos antes de la fundación de este mundo.
La ley de gravedad siempre funciona de la misma manera. Usted no necesita ser un miembro de la Iglesia para recibir las bendiciones o las c onsecuencias de respetar esta ley. Esta ley no hace acepción de personas.
Yo quiero hablarles de tres leyes espirituales que Dios nos ha dado:1) el ayuno, 2) las ofrendas de ayuno, 3) el diezmo. Estas tres leyes son espirituales. Estas tres leyes traen aparejadas bendiciones prometidas. Estas tres leyes no tienen nada que ver con dinero, pero sí tienen todo que ver con la fe.
¿Qué tal si hubiera una manera de vencer un mal hábito, una adicción o una pena que tuvieran? ¿Qué tal si hubiera una manera de ganar tal confianza en el Señor, que pudiéramos llamar los poderes de los cielos y saber que Él está allí guiando nuestros pasos? Hay una manera.
¿Qué tal si pudieran enseñar principios a nuestros jóvenes descarriados y a otros seres queridos que les permitieran vencer sus desafíos personales y acercarse más a Dios y verdaderamente sentir Su fortaleza, Su amor y Su preocupación por ellos? Ustedes pueden enseñar estos principios.
¿Qué tal de aquéllos que tienen tantas cargas sobre sí, tantos fracasos y falta de control en sus vidas, que ya se han dado por vencidos? ¿Pueden éstos ser ayudados? La respuesta es sí; según entendamos y vivamos correctamente la ley del ayuno -–la cual incluye una generosa ofrenda de ayuno-– todos estos anhelos pueden ser nuestros.
El Señor ha prometido que nunca seremos tentados con algo que no podamos vencer. La llave es el desarrollar la fortaleza espiritual necesaria para recibir el cumplimiento de esta promesa.
¿Cómo hacemos esto? Necesitamos hacer nuestra parte. Si no estamos dispuestos a ser obedientes y a trabajar, no debemos esperar el milagro. En mi experiencia, los milagros siempre suceden como recompensa por nuestra obediencia y trabajo.
Una persona que se disciplina a sí misma para ayunar con regularidad en la manera que el Señor lo ha designado puede resistir toda tentación, sobreponerse a sus pesares y ser libre del yugo que le ata.
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana: pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”
(1 Corintios 10:13)
Un omnisciente Padre en los Cielos ha provisto “cada cosa necesaria” para que Sus hijos puedan clamar a Él con confianza y sentir Su amor. El provee herramientas para permitirnos vencer cada tentación y sobreponernos al “hombre natural”.
Una de las más poderosas y frecuentemente ignoradas herramientas que Dios nos ha dado es la ley del ayuno.
Según entendamos más plenamente esta herramienta que el Padre Celestial nos ha dado, nuestra vida cambiará. Seremos capaces de ir al Señor con confianza y reclamar los poderes del cielo.

Es mi deseo el poder ayudar a cada uno de sus hijos a más plenamente entender y recibir las bendiciones y el poder que Dios quiere darnos a través del ejercicio de esta poderosa herramienta.
En Isaías 58:6-11 se nos prometen bendiciones específicas y poderes si ayunamos en la manera que el Señor escogió:
6 “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?”
Él nos hará libres de las ligaduras de impiedad. Él levantará nuestras pesadas cargas, y Él dejará ir libres a los quebrantados. De hecho, Él promete darnos poder para vencer todo yugo. ¿Cuántas personas hay oprimidas por el pecado, por malos hábitos y adicción? Que promesa tan poderosa, que permite que rompamos todo yugo.
Si una persona ayuna apropiada y constantemente puede vencer cualquier mal hábito, pecado o adicción que aflija su vida. ¿Hay acaso alguien que no quiera ser liberado de las aflicciones personales que lleva sobre sí?
El ayuno nos permite beneficiarnos a nosotros mismos con ese poder limpiador y purificador.
Cuando bendecimos a otros, Dios nos bendice. Isaías enseñó el principio de las ofrendas de ayuno. El enseñó que en orden de recibir el poder y las bendiciones prometidas, no sólo debemos ayunar, sino que debemos cuidar de los pobres y los necesitados.
No sólo debemos ayunar, sino que debemos
cuidar de los pobres y los necesitados.
Calificamos para recibir los poderes y bendiciones prometidas por Dios cuando cuidamos a todos Sus hijos.
7 t;>“¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”
El versículo 10 nos enseña el mismo principio de la ofrenda de ayuno:
10
“y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu obscuridad será como el mediodía.”
No solamente nos promete el Señor poder para vencer todos nuestros pecados, pero también promete luz, salud y rectitud en nuestras vidas. Y, así como con los hijos de Israel, Él promete que Su gloria nos rodeará y nos protegerá.
8
“Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.”
En los versículos nueve y once, recibimos la promesa de que Él oirá nuestras oraciones. Nosotros podemos acercarnos a Él con plena fe y confianza. Nuestra hambre será satisfecha con el “pan de vida”. Nuestra sed será saciada con “aguas de vida” que nunca faltan.
9
“Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí.”
11
"Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan”.
La tercera y última ley espiritual de la cual quiero hablarles es el pago de un diezmo justo. Esta ley fue declarada antes de la fundación de este mundo, y también lleva consigo bendiciones prometidas. El diezmo no es una nueva ley. Se encuentra en el Antiguo Testamento, y ha sido revelada nuevamente en las escrituras modernas. En Doctrina y Convenios 64, una de las bendiciones prometidas es que aquéllos que paguen un diezmo íntegro no serán quemados a la segunda venida del Señor Jesucristo.
En el libro de Malaquías,
en el Antiguo Testamento, capítulo 3, versículos 8 y 9, Dios nos hace una pregunta muy seria.
“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.”
En el versículo 10 encontramos que la obediencia a una ley espiritual de Dios resultará en promesas específicas basadas en esa ley espiritual.
“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”
Él promete: “os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”

Esta promesa se cumplirá cada vez que una persona obedece esta ley. Así como sé que el libro caerá cada vez que yo lo suelto, las ventanas de los cielos se abrirán cada vez que pagamos un diezmo honesto. Esta es la ley. Sin importar quiénes somos, porque Dios no hace acepción de personas.

En el versículo 11 tenemos la promesa adicional de que el Señor reprenderá el devorador por nosotros.

“Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.” Yo entiendo que esta escritura enseña que tendremos para las necesidades de nuestra vida.
Estas tres leyes son espirituales, son eternas, vienen de Dios. Él no puede mentir, y Él no hace acepción de personas. Estos mandamientos aparentemente de índole temporal, no son temporales. Son espirituales. Cada uno tiene promesas y bendiciones específicas. Si ustedes no obedecen la ley, Dios no podrá darles las bendiciones prometidas. Estas leyes no tienen nada que ver con dinero. Tienen todo que ver con nuestra fe.

Yo testifico que
“Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan; y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa.”
Les invito, a cada uno de ustedes, a pagar un diezmo íntegro. Les invito, a cada uno de ustedes, a ayunar cada mes. Les invito, a cada uno de ustedes, a pagar una generosa ofrenda de ayuno cada mes.
Les prometo que tendrán para sus necesidades, que el Espíritu Santo les dará dirección para sus vidas, y que las ventanas de los cielos se abrirán para ustedes y sus familias. Él quiere bendecirles. Él les bendecirá. En el nombre de Jesucristo, Amén.